viernes, 26 de marzo de 2010

La sublimación del amor

Después de muchísimos tropiezos en su azarosa vida amorosa, Benjamín frente a los fracasos con las mujeres, no encontraba el camino espiritual y venturosamente anímico que hiciera frente a esa traición de su vida, a la que le propinó su esposa que le dejó una hermosa parejita de hijos y muchas deudas: económicas y espirituales.

El nacido en el seno de una familia sumamente conservadora, pero destruida por los avatares de los movimientos sociales reflejados en el país en la década de los ochenta, por las diferencias ideológicas de sus integrantes, decidió en su juventud, emprender la partida a nuevo horizontes.

Ella Josefina, una publirelacionista con la que decidió contraer el conservador matrimonio y la que le duró algunos años, originaria de un país nórdico con ideas de las llamadas progresistas.

Estuvo en Francia, Inglaterra y España, y finalmente en su país, donde conoció a la que sería su esposa y con la que formaría una familia sin problemas mayores al descubierto, durante 20 años; precisamente los que le separaban de esa formación básica de la sociedad y que fue tiempo suficiente para descubrir la traición de ella.

Benjamín en su egolatría, no llegaba a entender el por qué de esa deslealtad que le atribuía a Josefina, quién a su vez se quejó amargamente del abandono en el que estaba por los constantes viajes de su marido y la falta de interés producto de su labor como empresario de las motocicletas... y la diferencia de edades. Elemento esencial en la convivencia matrimonial.

Pero dicen que el tiempo cura todo..., no lo creo, o al menos no fue la suerte de Benjamín, quien vivió hasta los últimos años de su vida, añorando esa vida apasionada y fascinante, que tuvo que enfrentar a una deslealtad, agravada por las características especiales de ella.

Los principios que regían la vida de él, fueron los tradicionales de que el hombre podía hacer lo que quisiera, pero la mujer debía hacer lo correcto. El encontrar a Josefina, su joven amor otoñal, en brazos de Antonieta, su más fuerte y pasional relación,

El saberse desplazado en su amor de macho-hembra por una relación antinatural y homosexual reflejada en el lesbianismo de sus dos principales mujeres, lo hacían casi perder la razón.

No lo podía creer, pasó muchos años en la depresión hasta que su yo interior le hizo ver la posibilidad de sublimar esas pasiones. Decidir cambiar su modo de vida, olvidarse de buscar un amor pasional y disfrutar de su otoño

Una luz iluminó su camino. Logró conocer a otra mujer --esta de las cuatro décadas-- que trabó una amistad tan sincera y profunda, pero desprovista de la pasión juvenil, que logró llevarlo de la mano a la espiritualidad y hacerlo ver que la vida es pasión, si, pero no solamente carnal, sino también la que se releja en el trabajo, en la familia, en el estudio, en la amistad.

Desprovisto del interés por la carne, empezó a viajar, pero ya no por trabajo, sino por placer. Sin los recursos excedentes de antaño que le permitían hacer y deshacer con las mujeres, empezó a observar a su alrededor. Conoció su región, paseó por los parques de la ciudad, disfrutó de los atardeceres y se extasió con las pláticas de los jóvenes.

Benjamín, el otrora galán, se convirtió en un ermitaño acompañado de --ahora si-- dos que tres verdaderas amigas con las que platicaba a fondo, algunos jóvenes a los que les hacía ver la bondad de una vida mesurada y recatada, pensando en realizar acciones perdurables, no apasionadas y trascendentes.

Así, Benjamín, aprendió a vivir bien con la vida y su espíritu, después de pagar las culpas en la sociedad.

El porque de este mamotreto...

Tuve una vez la ilusión de tener un amor, que me hiciera valer....

La verdad, no se que tiene que ver con esta bitácora, pero se me antojó darle como entrada esto. Quizá, elucubrando, sea por el amor que produce la ilusión de cumplir, de responder, de no decepcionar.

Primero, ¿por qué el título de El Apando?
(Definición: Prisión muy estrecha, y en parte retirada y sola en la cárcel, para que el recluso carezca de comunicación).
Pues simplemente porque el ponerse a elaborar o alimentar una bitácora o blog como este, tiene que darse en un encierro físico y eventualmente espiritual, para poder exprimir el cerebro y hacer fluir las ideas, experimentar las técnicas literarias (que no nos aparecen), utilizar las tecnologías de la información y plasmar nuestros pensamientos, sentimientos, expectativas y lo que la locura diaria nos permita.

Segundo:
Por un compromiso que tengo que cumplir.

Tercero:
Mea culpa. La verdad es que no soy muy aficionado, por no decir que no me gusta, este tipo de comunicación tan fría, tan enviar lo escrito al aire sin un regreso, sin una respuesta, salvo las de quienes se vean afectados o bien, de los amigos.

En fin, heme aquí en la red cibernética, en el universo de la comunicación digital.

Por alto esta el cielo en el mundo/por hondo que sea el mar profundo/ no habrá una barrera en el mundo/que mi amor profundo/no rompa por ti.

Precisamente, ese amor profundo que está en el cielo es el que me motiva a estas acciones digitales.

¿De qué podré escribir...?
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Primero de dos cuentos cortos...



Semper fidelis

Cuento de diez párrafos

El intenso trajinar de la vida, la rapidez con la que se suceden los hechos de manera cotidiana, hacían ver a Benjamín como una persona de verdad "interesante" para las mujeres.

Sus constantes viajes al interior del país y al extranjero le trajeron conocimiento de la vida en diversas partes.

Su capacidad de convencimiento, le permitían tener trato con muchas personas, en especial fascinar, --aún pasada la quinta década de su vida-- a las mujeres, lógicamente menores que él.

Sin embargo, así como no la tenemos comprada, tampoco la tenemos controlada, plenamente en nuestras manos para hacerla cual lo queramos, sino que los cambios se dan por los elementos externos.

En ese trajinar, durante un viaje de negocios por la capital, conoció a Josefina, una bella, rosagante y primaveral chica de apenas 33 años de edad, la encargada del Departamento de Relaciones Públicas de la firma consultora, quien desplegó todos sus conocimientos para cumplir en encargo, lo que le permitiría.

Estaba en la flor de su vida, pues con el posgrado recién obtenido, necesitaba demostrarse y demostrarle a los demás, que podía posicionarse como una excelente publirelacionista en su ciudad.

La soledad de Benjamín lo llevó a que en las vacaciones de otoño, mientras visitaban la compañía de motocicletas que él representaba, ocurrió lo inesperado por las edades, esperado por la convivencia continua durante los tres últimos meses del año.

Ese barbajan con las mujeres, ese galán en sus años mozos, pero que continuaba teniendo cartel entre ellas, se enamoró perdidamente de Josefina, que significaba el clímax de ese ¿segundo? aire. !El colmo!, después de vejez, viruela.

A sus 53 abriles, enamorarse perdidamente de Josefina, la chamaca de 33 años. La antítesis de sus necesidades afectivas y amorosas. Una mujer práctica, despreocupada y nada convencional que chocaba con su tradicional imagen de lo que debe ser la mujer.

El click se dio. Todo transcurrió a pedir de boca entre la lucha por mantener su forma de vida intensa, apasionada, dinámica y vigorosa, pero nada satisfactorias, precisamente por la presencia de un pasado que mucho lo hizo sufrir con Antonieta, su más grande amor, una fémina a la que quiso apasionadamente, con la que tuvo los días más animales que se pudieran imaginar y a la cual engañó con varias antes de romper y hacerla sufrir sin fin.

Sin embargo, la traición --quizá producto de la diferencia de edades-- hizo acto de presencia y después de tres semanas de gélido trato entre ellos, descubrió el origen de esa deslealtad que resultó ser el amorío de Josefina con Antonieta, la novia a la que más quiso y más hizo sufrir.
(Fin).