Después de muchísimos tropiezos en su azarosa vida amorosa, Benjamín frente a los fracasos con las mujeres, no encontraba el camino espiritual y venturosamente anímico que hiciera frente a esa traición de su vida, a la que le propinó su esposa que le dejó una hermosa parejita de hijos y muchas deudas: económicas y espirituales.
El nacido en el seno de una familia sumamente conservadora, pero destruida por los avatares de los movimientos sociales reflejados en el país en la década de los ochenta, por las diferencias ideológicas de sus integrantes, decidió en su juventud, emprender la partida a nuevo horizontes.
Ella Josefina, una publirelacionista con la que decidió contraer el conservador matrimonio y la que le duró algunos años, originaria de un país nórdico con ideas de las llamadas progresistas.
Estuvo en Francia, Inglaterra y España, y finalmente en su país, donde conoció a la que sería su esposa y con la que formaría una familia sin problemas mayores al descubierto, durante 20 años; precisamente los que le separaban de esa formación básica de la sociedad y que fue tiempo suficiente para descubrir la traición de ella.
Benjamín en su egolatría, no llegaba a entender el por qué de esa deslealtad que le atribuía a Josefina, quién a su vez se quejó amargamente del abandono en el que estaba por los constantes viajes de su marido y la falta de interés producto de su labor como empresario de las motocicletas... y la diferencia de edades. Elemento esencial en la convivencia matrimonial.
Pero dicen que el tiempo cura todo..., no lo creo, o al menos no fue la suerte de Benjamín, quien vivió hasta los últimos años de su vida, añorando esa vida apasionada y fascinante, que tuvo que enfrentar a una deslealtad, agravada por las características especiales de ella.
Los principios que regían la vida de él, fueron los tradicionales de que el hombre podía hacer lo que quisiera, pero la mujer debía hacer lo correcto. El encontrar a Josefina, su joven amor otoñal, en brazos de Antonieta, su más fuerte y pasional relación,
El saberse desplazado en su amor de macho-hembra por una relación antinatural y homosexual reflejada en el lesbianismo de sus dos principales mujeres, lo hacían casi perder la razón.
No lo podía creer, pasó muchos años en la depresión hasta que su yo interior le hizo ver la posibilidad de sublimar esas pasiones. Decidir cambiar su modo de vida, olvidarse de buscar un amor pasional y disfrutar de su otoño
Una luz iluminó su camino. Logró conocer a otra mujer --esta de las cuatro décadas-- que trabó una amistad tan sincera y profunda, pero desprovista de la pasión juvenil, que logró llevarlo de la mano a la espiritualidad y hacerlo ver que la vida es pasión, si, pero no solamente carnal, sino también la que se releja en el trabajo, en la familia, en el estudio, en la amistad.
Desprovisto del interés por la carne, empezó a viajar, pero ya no por trabajo, sino por placer. Sin los recursos excedentes de antaño que le permitían hacer y deshacer con las mujeres, empezó a observar a su alrededor. Conoció su región, paseó por los parques de la ciudad, disfrutó de los atardeceres y se extasió con las pláticas de los jóvenes.
Benjamín, el otrora galán, se convirtió en un ermitaño acompañado de --ahora si-- dos que tres verdaderas amigas con las que platicaba a fondo, algunos jóvenes a los que les hacía ver la bondad de una vida mesurada y recatada, pensando en realizar acciones perdurables, no apasionadas y trascendentes.
Así, Benjamín, aprendió a vivir bien con la vida y su espíritu, después de pagar las culpas en la sociedad.
viernes, 26 de marzo de 2010
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